Examiné aquella hermosa máquina. A su lado, mi moto parecía un triciclo roto. Me asaltó una repentina sensación de tristza cuando pensé que no era una mala comparación si nos fijábamos en el aspecto que yo tenía al lado de mi novio.
—No creo que pueda seguirte el ritmo —murmuré.
Edward puso la mano debajo de mi mentón y me hizo volver el rostro de modo que pudo mirarme de frente. Con un dedo, intentó subirme la comisura de un lado de la boca.
—Seré yo quien me mantenga al tuyo, Bella.
—No creo que pueda seguirte el ritmo —murmuré.
Edward puso la mano debajo de mi mentón y me hizo volver el rostro de modo que pudo mirarme de frente. Con un dedo, intentó subirme la comisura de un lado de la boca.
—Seré yo quien me mantenga al tuyo, Bella.

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