A pesar de este comportamiento profundamente doble, yo no era de ningún modo un hipócrita;
mis dos partes obraban con toda seriedad; no era menos yo cuando hacía a un lado las restricciones y me hundía en la verguenza, que cuando trabajaba, a la luz del día, en el progreso del conocimiento o el alivio de la pena y el sufrimiento. Y ocurrió que la dirección de mis estudios científicos, encaminados por completo hacia lo místico y lo trascendental, dio un vuelco e iluminó esta conciencia de lucha permanente entre mis partes. Día a día, y desde ambos lados de mi inteligencia, el moral y el intelectual, avanzaba cib firmeza hacia esa verdad, cuyo descubrimiento parcial me condenaba a tan penoso naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno, si no dos.
Digo dos, por que el estado de mis propios conocimientos no fue más allá de ese punto. Otros seguirán, otros me superarán en esa misma línea, y me atrevo a decir que el homre será finalmente conocido como una meracomunidad de habitantes múltiples, incongruentes e independientes.
Yo, por mi parte, como lo dictaba la naturaleza de mi vida avancé infaliblemente hacia una dirección y sólo hacia una. Fue en mi lado moral, y en mi propiapersona, donde aprendí a reconocer la cabal y la primitiva dualidad del hombre; observé que, si estaba apto para cualquiera de las dos naturalezas que contendían en el campo de mi conciencia, sólo se debía a que yo era realmente ambas; y desde fecha muy temprana, incluso antes de que el curso demis descubrimientos científicos comenzara a sugerir la pura posibilidad de tal milagro, aprendí a dar mayor cabida, como un sueño que se acaricia, a la idea de separar estos dos elementos.
Si cada uno, me decía, pudiera alojarse en una identidad separada, la vida se aliviría de todo lo insoportable, el injusto podría tomar su camino, liberado de las aspiraciones y el remordimiento
de su probo doble, y el justo podría caminar recto y seguro por su senda, haciendo las buenas obras en las que encuentra solaz, sin estar expuesto ya a la desgracia y a la penitencia de por las manos de un mal extraño .
La maldición de la humaidad era que estos haces incompatibles estan ligados, que, en el seno atormentado de la conciencia, estos polos gemelos lucharían continuamente.
¿Cómo, entonces, disociarlos?
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